El sentido y su interpretación en el estudio de una dimensión temporal: historia y psicoanálisis


Cristian Tonatiu Velázquez Solis

Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (México)

tonatiu.velazquez3303@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-9065-044X

Erik Ricardo Méndez-Muñoz

Universidad de Guadalajara (México)

erikricardo.mendez@gmail.com

http://orcid.org/0000-0003-2513-303X


Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons BY-NC-SA 4.0

DOI:https://doi.org/10.5281/zenodo.18460654

Sección: General


Recibido:01 de octubre de 2025

Aceptado: 16 de octubre de 2025

Publicación:28 de marzo de 2026


Resumen

En un proceso de reconstrucción del pasado, surgen diversos cuestionamientos sobre la forma en que se construyen las narrativas colectivas e individuales del recuerdo. Desde el psicoanálisis y la historia se realiza una revisión de una dimensión temporal, abordando los conceptos de plus de sentido, mensaje enigmático, repetición e ilación. Respecto al papel de la persona investigadora, se abordan recursos metodológicos en el proceso de estudio e interpretación en una dimensión temporal, ahondando en método abductivo y el acceso a diversas fuentes para el estudio de lo que Fernández M. González llamará como lo “efectivamente sucedido”.
Palabras clave:Plus de sentido, interpretación, dimensión temporal, historia, psicoanálisis

Meaning and its interpretation in the study of a temporal dimension: history and psychoanalysis

Abstract

In a process of reconstructing the past, various questions arise about how collective and individual narratives of memory are constructed. Psychoanalysis and history engage in a review of a temporal dimension, addressing the surplus of meaning, enigmatic messages, repetition, as well as events and their linkage. Regarding the role of the researcher, methodological resources in the process of interpretation are discussed within a temporal dimension, delving into abductive method and access to diverse sources for the study of what actually occurred.
Keywords:Surplus of meaning, interpretation, temporal dimension, history, psychoanalysis

Introducción

Este trabajo tiene por encomienda conocer y desarrollar elementos conceptuales para estudios enraizados o interpelados por campos de saber que remiten a lo temporal, así como la propia perspectiva que el psicoanálisis ha abordado en torno al tiempo, lo temporal y su lugar en la misma. Por ello nos centraremos en el abordaje de elementos interpretativos en torno al sentido a partir del gran arraigo que tiene el abordaje histórico o temporal en el ámbito clínico como en el social. Por tanto, la intención del texto tiene la encomienda de elucidar algunos modos de aproximarse a los procesos temporales que tienen una condición inherente en la producción de sentido y la interpretación. Eso significa que abordaremos términos psicosociales, psicoanalíticos e históricos, los cuales dan cuenta de la multiplicidad de conformaciones del sujeto y la dimensión subjetiva que lo compone y le permite vivir en el mundo. Así, la intención última del texto es la de abonar a la crítica, reflexión y abordaje de las perspectivas temporales que nos dan acceso al complejo entramado social que llamamos sujeto, para interpelar y a su vez, articular, los modos de construcción interpretativo en los que se ubica el campo de saber psicoanalítico.

Conceptos como un plus de sentido, mensaje enigmático, repetición o ilación sirven como recursos para un desarrollo metodológico en el estudio de la reconstrucción histórica individual y colectiva de la memoria. En este sentido se plantea la pregunta guía: ¿Cómo se configura una dimensión temporal en la reconstrucción del pasado individual y colectivo a partir de un diálogo entre el psicoanálisis y la historia? Para ello se realiza un abordaje de conceptos como el plus de sentido, los mensajes enigmáticos, la repetición y la ilación a partir del análisis de los acontecimientos históricos. Con ese propósito se plantea analizar cómo se configura una dimensión temporal en la reconstrucción del pasado, a partir de un diálogo entre el psicoanálisis y la historia.

1. El plus de sentido y el mensaje enigmático

Para este abordaje es necesario hacer un recorrido en torno al sentido y su lugar en la producción subjetiva, siendo preponderante en la construcción de la perspectiva temporal. González (1998) nos invita a realizar una reflexión sobre el sentido en el psicoanálisis y su relación con la historia a partir de algunos referentes1 para abordar su importancia en el psicoanálisis, principalmente apuntando a la práctica y el proceso analítico.


1Principalmente, Laplanche, pues nos dice que es uno de los principales autores que han delineado la relación entre psicoanálisis con la disciplina histórica (González, 1998, p. 71).


En ello, parece importante diferenciar entre recuerdo y fantasía, ambos con contenidos históricos de la experiencia del sujeto pero que se expresan y tienen funciones particulares, que pueden ser pensadas como “escenas aparejadas qué poseen un elemento contextual en el que se configura una complicidad entre los protagonistas” (González, 1998, p. 73). Esta referencia de la escena es importante pues delimitará cada uno de ellos, aunque ambos tienen matices que hacen de su procedencia y funcionalidad diversa en la constitución del sujeto. Estás diferencias residen en su condición de “originarias”, “reprimidas” y residen en la lectura de lo que efectivamente sucedió.

Esta diferencia es sutil: por un lado, el recuerdo es un elemento vivido que torna en la configuración del sujeto a partir de su modo particular de vivir y apropiarse de ese momento; eso no hace que el recuerdo tenga una connotación de “real” en tanto “si sucedido”, su modo particular de existir como recuerdo deviene precisamente de la afirmación que el sujeto hace sobre este hecho, no en el hecho mismo. Por su parte, la fantasía es más bien una construcción imaginaria del sujeto basada en algunos sucesos o condiciones de la realidad; es decir, la fantasía es un producto de las elaboraciones mentales que un sujeto hace a partir de algunos elementos de lo sucedido.2

En psicoanálisis, se puede hablar de “recuerdos encubridores” que dan cuenta de las escenas históricas que pasaron en la constitución del sujeto y que “esconden” o contienen elementos significativos de la trama subjetiva que lo compone (Laplanche y Pontalis, 1983) y que se vuelven enigmas indescifrables que pueden expresarse como síntomas, es decir, signos (el signo no sólo es patológico, también es semiótico, es decir, transhistórico).

Por su parte, la fantasía tiene su raíz más profunda en los procesos imaginarios, incluso en contraposición a la realidad; pero en una de las conceptualizaciones de Laplanche y Pontalis (1983) se alude a la “realidad psíquica” como parte del fundamento de esta condición imaginaria, a lo cual nos dirán que “la realidad psíquica constituye una forma de existencia particular que es imposible confundir con la realidad material” (p.139); no es la realidad concreta sino la construida en la trama subjetiva de quien elabora dicha fantasía.

Aunque esta conceptualización se distancia de la idea de realidad en tanto material, no así de una realidad, que da sentido al aparato psíquico. Por tanto, parece sugerente preguntarnos: ¿esta realidad psíquica se distancia de la creación de sentido, de lo efectivamente sucedido y de los procesos psicosociales? A fin de cuentas, ¿qué sustenta la construcción de esta “realidad interior singular”?

Será necesario, además, reflexionar sobre algunos elementos que pueden ayudar a consolidar la relación entre realidad, sentido y psiquismo en la propuesta psicosocial e histórica. Para ello, una de las palabras que podría ayudar a entrelazar historia y psicología social puede darse con la palabra “hecho” que, usualmente, suele remitirnos al hacer, pero también puede remitirnos a acontecimientos (por ejemplo, “el hecho histórico”). En esa doble dimensión podemos desarrollar una perspectiva articulada entre ambas dimensiones: el hacer-singular y el hacer-acontecimiento dan pie a pensar la articulación entre procesos emparentados, sin una delimitación clara y que dan pie a pensar en la hechura de esta relación psicosocial.

Ahora bien, la hechura podría dar cuenta de esta “realidad psíquica” de la que hablan Laplanche y Pontalis (1983), pues es la dimensión producida-productora de un mundo de significaciones, de creación imaginaria (fantasía) o de supresión de vivencia, pero expresada sintomáticamente (recuerdo) y da cuenta de la constitución de la historia en tanto acontecimiento vivido y significado en la particularidad, es decir, en un proceso psicosocial. Así, la hechura es la consolidación de los procesos materialmente significados de lo efectivamente sucedido, es el ámbito de la acción y su efecto lo que consolida la producción de sentido en la conformación material y singular del acontecimiento y el devenir de la dimensión colectiva.


2Lo efectivamente sucedido es una noción que González recupera de la reflexión de Freud en el cual se concentra la significación que tiene en el sujeto un acontecimiento, lo cual tiene como punto de inflexión pensar una relación social con la constitución subjetiva, el cual puede dividirse en dos, un tiempo concreto y un tiempo subjetivo (González,1998, p. 11).


En estas definiciones de recuerdo y fantasía encontramos que, por un lado, hay hechos reales y elaboraciones particulares del sujeto hacía esos acontecimientos, la diferencia es que uno tiene más bien una carga hacia el registro histórico social y la otra hacía la construcción singular subjetiva, pero no dejan de estar entrelazados. Por ello es imprescindible considerar que estos procesos subjetivos devienen de la dimensión histórica y viceversa; esto lleva a la pregunta: ¿Cómo comprender la producción que generan los recuerdos y fantasías?

González (1998) en su trabajo sobre “la guerra de las memorias” retoma lo planteado por Laplanche, quien postula: “Eso que es traducido específicamente, no es un signo natural, ni tampoco histórico. Es un mensaje, un significante o una secuencia de significantes […] significante o mensaje, al que añado el calificativo de enigmático” (Laplanche en González, 1998, p. 73). En esta frase quedan aún preguntas abiertas: ¿Qué se está pensando por “natural” o “histórico”? ¿Por qué significaciones? ¿Por qué enigmáticas?

Lo que deja la fantasía y el recuerdo, en la construcción de la hechura, no es la preponderancia de una de sus características; la conjunción de ellas es lo que conocemos como el sentido, es decir, la articulación de procesos sociales y psíquicos que permiten concebir el mundo en tanto es producción de los procesos transhistóricos constitutivos del sujeto. Esta idea puede ser emparentada con la que Morin (2007) despliega: “A mi parecer, para que haya sentido, hace falta que exista un tratamiento auto-exo-referente que responda a la cualidad del sujeto” (p. 158). Cuando se entrelazan entre los procesos singulares y colectivos, se da cuenta de un proceso de emergencia constitutiva. Esta triple ecuación (auto-ex-referente) alude a los procesos intersubjetivos y transubjetivos por los que se constituye el sentido. La producción de sentido es producto de una relación entrelazada entre la capacidad subjetiva que implica lo singular y lo colectivo como referencia.

Hasta ahora hemos abordado la hechura del sentido a partir de dos registros que han sido objeto de observación y análisis del psicoanálisis, el recuerdo y la fantasía. Con ellos podemos consolidar la idea sobre lo que impera en lo efectivamente sucedido: no se trata concretamente del acontecimiento como tal, tratando de darle un “sentido original y único de las cosas”, cuando se habla de “lo efectivo” se alude a su eficacia, al lugar que ocupa en el sujeto y como se consolida en sus procesos. Así, cuando hablamos de lo efectivamente sucedido hablamos del sentido que se construye desde la exterioridad para la apropiación que de ello hará el sujeto. Lo recordado siempre tiene su contraparte de olvido, entonces, lo recordado es desde un reconocimiento del sujeto por algo vivido que le deja una huella, lo mismo que la producción de fantasía, es una realidad creada que lo interpela, lo hace producirlo en tanto tiene un sentido para él.

Ahora bien, el análisis histórico en psicoanálisis recurre a diferentes registros que nos remitirán a los procesos del aparato psíquico del sujeto y darán cuenta de lo que efectivamente ha sucedido para el sujeto. En este trabajo analítico destacaremos dos polos que son bastante abordables en la práctica psicoanalítica: el plus y el vacío de sentido. En ellos no nos remitimos más que a estas dos palabras para dar cuenta de procesos donde lo sucedido tiene una efectividad “inoperante”, es decir, donde la condición del sentido (como exceso o falta) hacen que los procesos de comprensión pasen por una imposibilidad de ampliar la perspectiva, para concebirlos en sí.

De acuerdo con Laplanche (2005) el plus de sentido designa el excedente de significación que portan los mensajes enigmáticos del adulto en la situación de seducción originaria. Ese exceso rebasa las capacidades infantiles de traducción, queda reprimido y se convierte en núcleo del inconsciente, reactivándose por en forma de “après-coup”; es decir, en el formato en que una vivencia pasada adquiere su pleno valor psíquico solamente en un segundo tiempo. Así, Laplanche desplaza el énfasis freudiano del desarrollo endógeno hacia la exogeneidad del mensaje del Otro, y se diferencia de Lacan en tanto cambia la concepción de excedente de goce por un plus de sentido implantado por el Otro que abre trabajo de traducción y represión.

González (1998) abordará a Laplanche a partir de su propuesta de “deconstrucción” como respuesta a este plus y vacío de sentido son cuestionadas por él primero, pues parten, en muchos momentos, de asumir que se tienen condiciones de “progreso” entre la etapa infante y la adulta, asumiendo que en este desarrollo puede darse el cuestionamiento y la elaboración de una mejor interpretación y, por ende, producción de sentido sobre lo sucedido. Cuestiona la condición progresista de la visión del autor francés en tanto vislumbra al adulto como “más capacitado” y también la condición que le da al sentido pensándolo como “mejor” (González, 1998, p. 79).

El sentido toma diferentes modalidades de expresión y tiene implicaciones en el sujeto a partir del momento histórico en donde se ubica, en eso se puede concordar con Laplanche, pero no implica que a “más adulto, mejor entendimiento” de los procesos constitutivos de sí, pues el propio psicoanálisis ha demostrado que no parte de una progresión lineal del tiempo, de ello se hablará más adelante. Además, remite a la condición “enigmática” del plus o vacío de sentido. Ese enigma aparece como un problema a resolver, esto significa comprender a los sucesos y a las interpretaciones y, por ende, el sentido que le da el sujeto, como procesos superables. Al respecto, Laplanche (2005) plantea que “el mensaje enigmático es la implantación del inconsciente del adulto en el niño, un mensaje desconocido para sí mismo, que proviene del otro y que es implantado por el otro” (p. 239). Este tratamiento de los sucesos implica toda una forma de proceder ante la lectura y el abordaje elaborativo de la hechura dando por sentado que tienen una dimensión de realidad concreta a la cual se puede llegar a un punto de “superación” de la vivencia traumática. González (1998) dirá que este modo de comprender la visión de deconstruir en aras de la superación del suceso tiene un tratamiento positivista de la visión de lo efectivamente sucedido.

El enigma es la expresión del plus o vacío de sentido y cómo esta condición se conjuga en los procesos subjetivos en un sentido de constitución de la experiencia singular. En esta visión encontramos una reducción a la solución o no de la trama subjetiva, lo cual no es necesariamente la condición de sí y si bien González (1998) nos lleva a reflexionar sobre este tratamiento de la noción, no abona mucho en otra propuesta para pensarla o desencajar de este lugar.

Si ubicamos al enigma desde la reflexión filosófica nos encontramos que este es una clave que no destraba, sino que da pautas para otros enigmas. Argullol (2008) hablará en torno al enigma y su lugar en la filosofía, pues tiene un lugar preponderante en ella. El enigma es aquello por resolver, es algo que “se vela y se revela al mismo tiempo” (Argullol, 2008, p. 30), pues al descubrir el trasfondo del mismo solo nos lleva a concebir otros enigmas que anteceden al elucidado: “[se debe] recordar que a cada rasgadura aparecen múltiples velos que antes habían permanecido ocultos” (Argullol, 2008, p. 31).

A partir de esta lógica, el filósofo español nos destaca que “el saber es una reafirmación del enigma” (Argullol, 2008, p. 31); es decir, la práctica que intenta dilucidar y dar sentido a procesos “vedados” al mismo tiempo nos vuelve a colocar en el lugar de aquello por descubrir. Así, el enigma puede fungir como “posibilitador” del propio conocimiento, búsqueda de saber o de dar sentido al sinsentido. Por tanto, el enigma no se resuelve, apenas y logramos dar con pliegues del mismo, con sentidos transitorios que darán pie a pensar otras maneras de construir el propio enigma.

De esta forma, el enigma filosófico aquí abordado tiene un sentido en la práctica psicoanalítica y también en torno a lo efectivamente sucedido. Aquello que sucede es un punto cardinal para dar lugar al sentido, el cual solo se da desde el lugar del enigma. No importa tanto lo acontecido sino el lugar que ocupa en el sujeto, dando así un sentido, producto del modo de construir los hechos del sujeto. En este sentido, la producción del enigma es una producción subjetiva, particular del sujeto que la construye y que toma un lugar en sí para sí, por mucho que el acontecimiento parta de una red colectiva que lo sujeta; es la constitución particular otorgada.

Por ello es que no hay un progreso o maduración del sentido, tampoco se vacía o se llena a partir de una “correcta” asimilación del suceso; es lo efectivo lo que toma lugar preponderante en la construcción del sujeto, es decir, son los efectos que toman lugar en el sujeto, en su trama social y singular los que moldearán los procesos de articulación del sentido otorgado para sí (se reitera, aunque estos provengan de un contexto social).

Parece que el camino nos lleva a asumir lo siguiente: la producción de sentido (vacío o lleno) debe ser abordado desde el lugar de lo efectivamente sucedido en tanto inscripción de un orden singular aunque histórico de sucesos que moldean o articulan la constitución del sujeto, y para abordar la multiplicidad de elementos que componen los sentidos del sujeto es necesario elaborarlo (nada nuevo, algo que ya dijo Freud (1914/1976) en Recordar, repetir, elaborar), pero que se considera que esta elaboración debe ser desde y para dar lugar al enigma como campo de producción abierta, como proceso de reflexión autónomo que derivará en la posibilidad de ampliar el espectro del sentido, no con la intención de un “vaciamiento” o “llenamiento”, sino como campo de posibilidad, es decir, como una producción incesante, producto de la multiplicidad de procesos que componen la trama social y singular del sujeto: la hechura de sí.

2. Los hechos y su ilación

Un referente fundamental para pensar los efectos de la trama social en la trama singular y cómo la ilación resulta un recurso importante para la reconstrucción del pasado es el “Moisés y la religión monoteísta” (Freud, 1939/1979), pues se aborda cómo la interpretación de un hecho histórico obliga a la reinterpretación de acontecimientos posteriores y a su ilación. En su texto, Freud advierte en breves postulados, la fracturación o rompimiento entre los hechos que resultaron en un inevitable cambio de interpretación de la génesis de la religión judía.

El autor postula que Moisés no era judío, sino egipcio. Este simple argumento, desemboca en innumerables contradicciones con la versión de una memoria histórica; Moisés pasa a ser un general egipcio con un deseo de poder que le habría movido a cimentar las bases de una religión diferente a la egipcia. En este caso, Freud cuestiona su propia historia como judío, se cuestiona el sentido de la existencia de su religión, cuestionando su origen y la ilación de los hechos de su constitución en un marco histórico como la Segunda Guerra Mundial, en donde la pureza de las razas estaba en disputa en relación a su lugar como “pueblos elegidos”. Pues bien, este es un proceso en una dimensión colectiva, pero en lo singular, aunque similar se manifestarán particularidades.

La repetición suele aparecer como un obstáculo para una ilación de recuerdos. Lo que se repite retorna de forma dislocada, sin poder integrarse del todo en la narración. En un trabajo analítico se produce una nueva ilación a partir de estas, que retornan como acto, síntoma o insistencia pueda enlazarse en un relato que otorgue sentido, sin pretender cerrarlo del todo. Lacan (1987) menciona cómo el fantasma se fija en la repetición, con la función de tapar la castración, para esto habla de la puesta en escena que se tomará justamente como aspecto fundamental para pensar la reconstrucción a través del recuerdo.

En primera instancia está el mundo (“hay mundo”), uno que antecede al sujeto y que plantea las bases para entender lo que nos rodea. Hay narrativas que se están hilando desde antes de la constitución del sujeto, que le determinan y que son fundamentales para su constitución (el linaje familiar, la cultura, los rituales, la lengua, etcétera). Dicha “escena”, donde las cosas del mundo se suben y finalmente la función de “la escena sobre la escena” en donde aparece el qué se escenifica y para quién.

El concepto de repetición nos permite abordar una dimensión temporal en el sujeto y su accionar. El mismo Freud menciona que “el paciente no recuerda absolutamente nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, naturalmente, que lo hace” (Freud, 1920/1992, p. 19). Faimber (2012) afirma que la “repetición, lejos de ser un simple retorno de lo mismo, debe entenderse como la insistencia del significante y la reactivación de lo traumático, en donde el sujeto encuentra tanto la posibilidad de subjetivación como el riesgo de quedar fijado en el goce” (p. 89). Esto lo podemos pensar con Hamlet, quien en su esfuerzo por demostrar quién es el asesino de su padre elabora una escenificación del acto compartido por el fantasma de su padre, lo que no preveía es que antes que demostrar su cometido (que su tío era el asesino de su padre), el escenificar dicha tragedia lo conmovió y perturbó de la misma forma que su pensamiento: en su intento de reivindicar la historia fracasó ante un exceso de sentido.

Esta es la puesta en escena, el recuerdo no es más que una puesta en escena, se reconstruye un escenario, personajes y se elaboran diálogos y situaciones que, según los sujetos, son aproximaciones de lo que efectivamente sucedió. Lacan (1987) dirá que si no hay fantasmas no se conoce el mundo; es decir, si no hay una puesta en escena, no existe el mundo, si no se hace una ficción del recuerdo, este no se puede reconstruir. En el proceso de recuerdo, se tendrá que lidiar con esta condición de la subjetividad, plagada de ficción y afectos.

Como Freud, cuestionando el origen fundante de la religión judía, Hamlet se cuestiona su existencia para resignificar un acontecimiento traumático (su padre fue asesinado por su tío). Ahora, los significados existentes sobre el mundo que los rodean se agrietan, y requiere un esfuerzo de ilación, conocer cuál es ese enigma que quedó vedado en un momento que le determina como sujeto. Para Freud (1901) aquello que aparece como fragmentado o repetido sin sentido puede adquirir ilación en un trabajo clínico. Esto tomando como referente que los actos fallidos y olvidos que aparentemente se revelan al sujeto sin una relación, en análisis, aparecen como eslabones de una ilación inconsciente. En una dimensión colectiva, se retoma el concepto de ilación para señalar cómo el sujeto busca hilos de continuidad en medio de experiencias fragmentadas en la memoria histórica y colectiva. La ilación narrativa tendría la función de reinscribir lo traumático en un marco simbólico que lo haga elaborable.

Glasserman (2021) abordará que la construcción de la historia en un espacio individual y analítico abandona la superposición secuencial de un pasado- presente-futuro y se vuelve una construcción en el “ahora”. El pasado “vivido” emerge sólo en tanto se articula en ese tiempo analítico; el futuro está implícito en la decisión que ese instante tiene para la vida del sujeto. De esta forma, en una labor de ilación en la construcción de historia, se sobrepone una dimensión de significado a una cronología.

El que ejerce la labor de reconstruir el pasado realiza una suerte de “función de bricolaje” (bricolage), que es la actividad de reparación, instalación, montaje o de cualquier otro tipo, que se realiza sin ayuda profesional. Es la actividad que requiere ante todo poner en su sitio o cambiar una pieza rota o descompuesta, cambiar una pieza inservible por otra que funcione, y que, al integrarse al todo, hace que éste funcione (Lacan, 1987). Se puede pensar en la escena de un niño que en el día de hoy se encuentra el repuesto de un bulbo de una televisión de bulbos. El niño se encontrará frente a algo que no puede ver del todo, que mira sin comprender. Tal vez lo asocie con un bombillo de luz, pero esa no es su finalidad. Encontrará una pieza perdida en el tiempo, que en su conocimiento es imposible de encontrarle lugar. El niño no tiene la capacidad de asociar esa pieza perdida que es el bulbo con el sistema completo que es la televisión de bulbos. Lo tomará y la extrañeza seguramente le hará dejarlo al olvido. Pero el bulbo pudo haber sido un objeto importante en el pasado familiar, para los abuelos del niño que habrían utilizado numerosos bulbos de repuesto para hacer funcionar su televisor. En esencia, este es el efecto de lo “ominoso”: algo que en algún momento fue de lo más familiar, y ahora se encuentra como algo totalmente desconocido, y que no se le encuentra lugar.

Anton (2014), planteará que entre pasado e historia hay diferencias considerables: la historia “posibilita nuevas ligaduras o versiones de aquello que se viene encima sin o con escasa traducción”, mientras considera al pasado “su costado (de la historia) no tramitado” (p. 2). En esta diferenciación hablará de una actitud del sujeto y de la práctica psicoanalítica en torno al abordaje de la temporalidad, de aquellos hechos que se encuentran intramitados y posibles de tramitar, como el enigma y su capacidad de producción de sentido.

Dirá que “hablar del pasado es dar, desde ya, una consistencia imaginaria, mientras que el trabajo de historización puede no terminar ya que nacemos en el seno de historias entretejidas de nuestros antepasados, las de nuestro origen” (Anton, 2014, p. 3), lo cual remite a un proceso de construcción histórico y no de un pasado que es imaginado, en tanto proceso aún no elaborado (pero no imposible de elaborar). Los hechos entonces darán sustento a una producción de sentido histórico, a diferencia de los recuerdos del pasado no historizado.

En el trabajo de ilación, los sujetos se encontrarán en la propia historia, objetos o sucesos que se presentan como extraños, siendo de lo más familiar en su historia generacional. Las escenas reprimidas se componen de pedazos de innumerables acontecimientos. Esos retazos, qué ahora, en un trabajo de interpretación en una dimensión temporal, son apilamientos de mundos sucesivos. Hamlet quedó atrapado en esa imagen especular que no pudo vaciar de un exceso de sentido, encontrar lugar mensaje enigmático del fantasma del padre (tomó el mensaje y lo abandonó por el exceso de afecto, como el niño abandona el bulbo al ver algo sin comprender).

Lacan (1987) menciona que cuando existe ese vaciamiento de significación, es que el sujeto se encuentra con la angustia, y la angustia moviliza a construir algo nuevo, algo diferente. Cuando el sujeto se ve confrontado a su imagen especular, en su imagen que está inscrita en él, ahí surge la angustia, el impedimento a la ilusión. Hay que permitirle o permitirse esa angustia. Poner en palabras hasta que se vaya agotando. Entrar en la demanda, hasta la demanda inicial. Desde ese punto se construye el recuerdo, si no se asume esa condición, se remite a la imagen especular, a la ficción fijada en su subjetividad.

3. El infinito torbellino de posibilidades

En un abordaje de una dimensión temporal en la subjetividad humana, es fundamental abordar los efectos de un método interpretativo en la producción de memoria. González (1998) utiliza para el abordaje interpretativo de lo efectivamente sucedido, la novela El nombre de la rosa. En la novela, el personaje principal, Guillermo de Baskerville3, un fraile franciscano con una influencia clara en los filósofos Bacon y Occam, ayuda a pensar la relación del método interpretativo.


3Guiño a la novela Los perros de Baskerville de Arthur Conan Doyle, una de las novelas más representativas del género detectivesco.


Es importante destacar las influencias presentes en la obra y su composición, pues son elementos que dan sentido al lugar del personaje, en tanto es el descifrador de un enigma, la propia trama de la novela. Así, la influencia de Doyle y el método inductivo dan pistas para pensar el modo de construir la mirada del intérprete; con Bacon y Occam encontramos la base ontológica que da sentido a Baskerville, concibiendo a Dios como el “infinito torbellino de posibilidades” (González, 1998, p. 31).

Esta concepción de Dios es cardinal en torno al trabajo interpretativo, teniendo en cuenta que engloba un modo de construcción del sentido, de concebir lo que acontece, que es al final lo que rodea todo el planteamiento del trabajo de González (1998), relacionado con lo efectivamente sucedido. Así, plantearnos la infinitud de posibilidades como eje organizador da cuenta de un modo de asumir los hechos y su comprensión. El intérprete, en este caso Guillermo de Baskerville (aunque también es una invitación a posicionarse desde este lugar), concibe todo acontecimiento o acto como un torbellino, es decir, un caos vertiginoso, producto de su propia infinitud, la cual no se cifra en la omnipotencia del Dios como en otras concepciones, sino como pauta de una multiplicidad de modos de acontecer, de posibles modos de ejercer un “libre albedrío”.

Lo efectivamente sucedido es un infinito torbellino de posibilidades en tanto los elementos que marcan el lugar de los hechos, como verdad material (suceso concreto) y verdad histórica (construcción subjetiva de lo sucedido) (González, 1998). Pero, como vimos anteriormente, podemos pensar que esta condición de infinitud es parte de la producción de sentido de los acontecimientos, de la propia trama enigmática que la produce y con la que se confronta el sujeto en la reelaboración de aquello que compone su modo de percibir el sentido: el infinito torbellino de posibilidades es un modo de concebir la trama subjetiva que da lugar al propio modo de la hechura y el sujeto.

Por ello, después de hablar sobre el plus o vacío de sentido, del enigma y su lugar en la producción de sentido, es necesario pensar: ¿Cómo reelaborar una trama subjetiva que se cifra como enigmática? ¿Cómo se puede abordar el enigma para una lectura interpretativa de la hechura? Estas preguntas abordan problemas que han sido el centro de muchas discusiones en el ámbito psicoanalítico, incluso Fernando González parece compartir una preocupación similar en el texto abordado, claro que la nuestra está especificada a partir de los elementos que hemos ido desarrollando y a partir de nuestra propia lectura del infinito torbellino de posibilidades.

Ahora bien, es importante destacar el lugar del intérprete y la interpretación y una serie de elementos que constituyen la trama en torno a esta figura; al final del primer capítulo de González (1998) en donde se abordan propuestas de la interpretación y lo efectivamente sucedido. A partir de estas pautas se pueden abordar los elementos que en un ejercicio interpretativo juegan un papel imperante y que dan forma a los modos de construir dimensiones analíticas: el trabajo del intérprete, los límites epistemológicos y las condiciones del fenómeno en cuestión. Estás dimensiones articulan los modos de comprensión y abordaje del ámbito temporal en la investigación psicosocial, lo cual implica: 1) tener presente la posición histórica social del investigador y su efecto en la interpretación, 2) los límites de la interpretación, los cuales aluden a las potencialidades siempre con sus debidos alcances y 3) producción de sentido que emerge de los fenómenos tiene que ver también con el lugar espacio temporal que ocupa en un contexto determinado y es sugerente como fenómeno como producción de un momento específico. Así, reconocemos los límites de la interpretación a partir del contexto, el sentido y el acto interpretativo como parte fundante de todo proceso de concepción temporal.

Discusiones

Una dimensión temporal abordada desde la investigación psicosocial y desde el psicoanálisis, implica el abordaje de un tiempo no lineal ni homogéneo, sino de un tiempo integrado por elementos fragmentados, donde el pasado se reactiva en el presente y configura su sentido. Este es un reto para la investigación de una dimensión temporal en ciencias humanas y sociales. Buscar en cada indicio una posibilidad de ilación y vaciamiento de sentido, cada pieza que remite al objeto investigado, cada punto desde donde el objeto se modifique, cada supuesto que ofrece una respuesta a la pregunta sobre el contenido de la memoria individual y colectiva.

La memoria, al ser un objeto vivo, es compatible con un sin número de dispositivos de investigación, que en términos de Deleuze (1990), funcionan como “máquinas para hacer ver y hacer hablar”. Lo que se busca es propiciar todo aquello que propicie un vaciamiento de exceso de sentido, significar la repetición y una ilación de los recuerdos. El producto de ello será la memoria con una suerte de estatus de verdad que entenderemos bajo el concepto de “alétheia”.

Respecto a la verdad como “lo evidente”, nos remitimos al término de verdad como “alétheia”, que se refiere a la sinceridad de los hechos y la realidad. Literalmente la palabra significa “aquello que no está oculto, aquello que es evidente”, lo que “es verdadero”, el sentido como “hacer evidente”. En principio, alétheia significa verdad, pero mientras que la verdad o “veritas” se obliga a la correspondencia entre nociones reconciliables, Alétheia en cambio des-oculta: es decir, aquello oculto se hace evidente a sí mismo, de manera que aparece (ad + parere) y por lo tanto se torna como algo inteligible (Velázquez y Méndez, 2023).

El trabajo de interpretación de un mensaje enigmático requiere de un trabajo de ilación y de vaciamiento de un exceso de sentido, el abordaje del recuerdo como no concluido y como construcción ficcional.

En historia, la configuración del pasado es coherente en tanto confiere inteligibilidad al disponer de causalidades, motivos y desenlaces (Ricoeur, 1984). Si el mensaje enigmático introduce fragmentación en dichos elementos, la ilación introduce configuración y un efecto aglutinante de la trama.

La ilación y la repetición tendrían un efecto de traductor del mensaje enigmático. Si se asume que la repetición no es una simple iteración, sino búsqueda de traducción de aquel enigma enigmático a través de la acción, se busca recordar lo que no es posible recordar con el lenguaje. Mientras la traducción del mensaje enigmático siga pendiente, la repetición compulsiva persistirá. Es justamente la repetición que irrumpe en una presunción de sentido lineal del pasado. Se cree que se recuerda el hecho, pero la repetición irrumpe trayendo al ahora elementos del pasado no integrados en la trama histórica.

El método abductivo, que se origina en los trabajos de Pierce (1903 citado en Pillai et al., 2023) se refiere a un tipo de razonamiento que consiste en formular la hipótesis más plausible o la explicación más probable para un conjunto de hechos. En un proceso de investigación histórica, se requiere el proceso de generar múltiples explicaciones posibles y luego seleccionar aquella que, considerando todas las evidencias y criterios disponibles, aparece como la mejor o “más verosímil” explicación del fenómeno. Es decir, que sean probablemente verdaderas, cercanas a la verdad; así como útiles, amplias y que aporten significado (Pillai et al., 2024).

Los métodos históricos se definen generalmente como el análisis y la representación del pasado a través de la interpretación rigurosa de registros y fuentes históricas. Entre estas prácticas se incluyen la hermenéutica (interpretación del significado contextual de las acciones y textos), la contextualización (entender eventos dentro de su entorno temporal, cultural y situacional) y la crítica de fuentes (evaluación de la autenticidad, sesgos y valor probatorio de los documentos históricos). Esto mediante archivos, entrevistas históricas, informes internos, etc. Con el objetivo de develar las motivaciones, decisiones y circunstancias particulares que llevaron a los hechos estudiados. Desde este supuesto, la abducción informada por contexto histórico es aplicable en cualquier disciplina que trabaje con evidencia fragmentaria y trate de construir narrativas explicativas coherentes (Pillai et al., 2024).

Así, para el abordaje abductivo desde una psicología social, puede ser sugerente comprender en principio que:

  1. El vaciamiento o plus de sentido puede ser un obstáculo por soslayar para el abordaje deductivo- interpretativo, dando cuenta de procesos que no necesariamente puede ser nombrados; lo abductivo implica un reconocimiento de lo exa-auto-referencial del sentido, es decir, reconocer que hay elementos que constituyen al proceso de manera compleja y que deben abordarse desde sus diferentes aristas.
  2. El enigma no se “descifra”, en su sentido laxo; su tratamiento parte de comprender que su develar su sentido inscrito en los procesos solo es parte de un proceso histórico de los procesos subjetivos del sujeto, lo cual correrá del lugar de enigma a aquello descifrado y dará lugar a nuevos enigmas.
  3. La ilación es un proceso de construcción de sentido que remite a los diferentes niveles temporales que hay en la dimensión subjetiva; es un proceso de encadenamiento de la hechura de sentido, pero no hay un inicio o final, es parte de una elaboración de la compleja trama subjetiva.
  4. Por tanto, toda interpretación es posible es parte de un proceso contextualizado, ubicado en una dimensión temporal y producto de la misma. Toma muchas direcciones que serán producto de sus múltiples procesos subjetivos, todo aquello que se registra en los procesos de constitución del sujeto.

A modo de aplicación de lo mencionado a un caso específico, retomamos los estudios realizados para la reivindicación de la memoria histórica alrededor del movimiento de ex braceros, quienes además de buscar la restitución de una deuda histórica con el gobierno mexicano, se han transformado en el símbolo de una lucha por reivindicar la figura del migrante mexicano en Estados Unidos de América (eua) y su importancia para el desarrollo social y económico de ambos países. El papel de dichos ex migrantes mexicanos estaba excluido en la historia reciente. No fue hasta 1998 que comenzaron una serie de movilizaciones para exigir el pago de la deuda histórica. El surgimiento de un movimiento nos permite retomar los conceptos de ilación, mensaje enigmático y plus de sentido.

El Programa Bracero, iniciado en 1942 y concluido en 1964, quedó relegado al olvido durante más de treinta años, hasta que en 1998 Ventura Gutiérrez —nieto de exbraceros— reactivó el interés por el tema al realizar diversas búsqueda en archivos históricos, que dieron cuenta de lo que en verdad habría pasado con una cláusula del acuerdo que autorizaba la retención del 10% del salario de los trabajadores, con la promesa de entregarlo como fondo de ahorro al regresar a México, dicha cláusula habría sido descubierta por Ventura a través de las historias de su abuelo. Las inconsistencias y la falta de claridad sobre el pago total de dicho fondo reavivaron el debate público y dieron origen a un movimiento social de ex braceros, quienes continúan exigiendo la restitución de esa deuda histórica (Astorga, 2017; Durand y Arias, 2000; Durand, 2016; Méndez-Muñoz, 2021).

Este proceso colectivo de recuperación de la memoria permitió visibilizar los abusos y la discriminación que sufrieron los trabajadores mexicanos en Estados Unidos durante su participación en el programa. La construcción de una memoria colectiva tránsito entre lo individual y colectivo, entre la necesidad de vaciar de sentido un hecho traumático en las vidas de los ex migrantes a un trabajo arduo de ilación del pasado. Una búsqueda exhaustiva paso de las conversaciones informales entre familiares a las plazas públicas, de la búsqueda exhaustiva en archivos históricos como en investigaciones desde la historia oral, hasta la acción colectiva con plantones, manifestaciones, asambleas y conmemoraciones, que pasar del tiempo han dado cuenta de la existencia de los ex braceros y su pasado.

En diversos estudios (Astorga, 2017; Durant y Arias, 2000; Méndez-Muñoz, 2021) se observa cómo los braceros en su juventud habrían viajado con pocos recursos económico y tiempo prolongados miles de kilómetros, vivido discriminación, condiciones marginales en vivienda y alimentación, así como realizado trabajos extenuantes por tiempos prolongados lejos de su lugar de origen, bajo una dinámica de segregación que les incluía en la sociedad estadounidense, asegurándose de que no se quedaran a vivir en dicho país. Pese a ello, no fueron los ex braceros los primeros agentes o líderes en el proceso de restitución, sino sus hijos, nietos y demás familiares.

En las familias de ex braceros se transmitirá a lo largo de las generaciones un mensaje enigmático sobre el pasado migrante (muchos de ellos se quedaron en eua y concibieron dicho acontecimiento como el origen de su linaje migratorio). El mensaje enigmático plagado de anécdotas y secretos del éxodo movilizó década después a sus familiares, entre ellos a su fundador (nieto de un ex bracero).

La búsqueda de la resituación del papel de los braceros en la historia de México y Estados Unidos se ve reflejada en la construcción de monumentos y la inclusión de su historia en libros escolares de ambos países. La ilación de los recuerdos a partir de la búsqueda exhaustiva de documentos históricos, ha permitido a los ex braceros significar un evento que habría causado en ellos un plus de sentido que un momento les habría paralizado ejercer su voz en protesta, pudiendo articular y visualizar una articulación de su pasado con el pasado común de sus semejantes. Pero también, a nivel colectivo, la ilación y construcción de una memoria colectiva del pasado de los ex braceros ha venido a servir como un discurso de protesta ante las injusticias, marginación y violencia que viven los migrantes en el presente.

Conclusiones

A modo de cierre podemos argumentar que lo abordado tiene la intención de conjugar una serie de elementos que problematicen el lugar de la temporalidad en relación con la producción de sentido, la interpretación y los procesos que van dando cuenta de esta conjunción con respecto a una dimensión social.

La hechura en la producción de sentido da cuenta de los complejos procesos temporales que inciden en el plus y vacío de sentido a partir del momento como proceso de constitución subjetiva. Con ello intentamos vislumbrar la trama subjetiva que el tiempo demarca en la construcción del mismo, así como la necesidad de trabajar y abordar la tensión irresuelta del enigma a partir del tiempo, de su lugar en torno a los procesos que configuran la experiencia humana.

Entonces, el plus de sentido, el enigma y el vacío pasan a formar parte de la posibilidad. Son signo de sentido y vías de ilación, en tanto implican la presencia de la ausencia de un elemento de la historia. El proceso de recuerdo también implica la búsqueda, la asociación y la fracturación de los recuerdos. Encontrar fuentes alternas de investigación, creativas y novedosas para encontrar sentido al tiempo perdido.

En el proceso de investigación, el método abductivo da importantes elementos para la búsqueda. En el proceso de implicación del investigador se dará cuenta de aquellos aspectos de su subjetividad implicados en el proceso de investigación, el vacío, el exceso de sentido, también serán herramientas al momento de buscar dar sentido al fenómeno investigado.

Por último, debemos tener en cuenta que la producción de sentido se da entre dos subjetividades que dan sentido a lo sucedido, a los procesos que constituyen la posibilidad de un trabajo en torno y desde la dimensión temporal, dando así, un posible acceso al abordaje analítico, a la producción del propio sujeto y los procesos de subjetividad, siempre desde un modo interpretativo contextualizado y posicionado.


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