Fri, 31 Mar 2023 in Diseminaciones
La divulgación de la filosofía en México: ¿para qué?
Resumen
En los últimos años la divulgación de la filosofía ha sido la estrategia para propagar el pensamiento filosófico. En México, el origen de las actividades de divulgación se enmarca en el contexto de la desaparición de la filosofía con la RIEMS en el 2008. El presente trabajo problematiza acerca de la divulgación de la filosofía, su objetivo es mostrar cuatro conflictos al interior de los proyectos que intentan expandir el saber filosófico al público en general, tales dificultades son 1) tipo de contenido, 2) la mitificación de la filosofía, 3) la confusión entre la difusión, divulgación y extensión universitaria, 4) inconsistencia entre el discurso y la práctica. La conclusión muestra que existe una confusión entre los fines y la metodología, dado que intenta desprenderse de lo académico para explicarlo al público no especializado, pero sin recurrir a un método que genere un aprendizaje y no sólo sea un entretenimiento cultural.
Main Text
Introducción
Desde la llamada “desaparición de la filosofía” en la educación media superior con la RIEMS en 2008, no han sido pocas las apologías para su reinserción y fortalecimiento. Tal situación hizo pensar y actuar a la comunidad filosófica nacional, no sólo para que aquella no desapareciera de la malla curricular, sino que, además, se fomentara su interés en la vida pública. La estrategia seguida desde entonces es la divulgación del pensamiento filosófico. Cafés, conferencias, clases abiertas, cursos para distintos sectores, sitios web, vídeos y publicaciones en medios de comunicación, son algunas formas de expansión de este tipo de conocimiento a un público más amplio. Así pues, se entiende por divulgación de la filosofía todas las formas en las que presentan temas concernientes a esta, sea en los periódicos, canal de YouTube, blogs, páginas de Facebook, revistas, series, etc.
Paulatinamente han cobrado fuerza este tipo de actividades, sin embargo, es pertinente plantear algunos cuestionamientos sobre que este conocimiento salga de las instituciones para posicionarse en el día a día de la vida pública: ¿por qué y para qué se divulga? ¿qué hay que esperar de estas actividades? ¿qué clase de filosofía es la que se difunde? ¿en qué condiciones se realiza? Responder a las anteriores preguntas ayudará a generar un juicio crítico sobre las actividades de difusión filosófica; al respecto podemos señalar dos opciones: a) como una labor que no acarrea frutos más allá del momento en que se suceden los eventos o las publicaciones; b) como actividades que disuelven el carácter académico de la filosofía y lo hace público, a la vez que genera tendencia hacia ella.
Es por lo anterior que el presente trabajo se centra en cuestionar la divulgación de la filosofía, analizar su finalidad y cómo es que se pretende conseguirla. La metodología de trabajo fue la consulta de literatura especializada como artículos y libros que abordan la temática, además, el texto recoge datos del buscador Google y de la plataforma de YouTube, esto con la finalidad de dimensionar el impacto de la filosofía en la internet.
El desarrollo del texto plantea cuatro problemas al interior de la divulgación, los cuales permiten tener una visión crítica al respecto. La importancia de este tema radica en que cuando se habla de acercar la filosofía al ciudadano común, se menciona que ayuda a pensar a los sujetos sobre su entorno y que contribuye al beneficio de la sociedad, por lo tanto, ponderar dichas acciones permitirá reflexionar si se cumple con lo previsto.
La divulgación y la universidad
Algunos filósofos, estudiantes y organizaciones han promovido que “el amor por la sabiduría” debe salir de las aulas y presentarse ante un público más amplio, no académico. La idea de la filosofía en contacto con la sociedad tiene sus antecedentes en la Grecia antigua cuando los filósofos discurrían en la plaza pública, en el ágora, así como en la Francia del siglo XVIII, época en que la transmisión del conocimiento a todo público se promovía mediante publicaciones varias, situación que también se contagió en América durante el período colonial. Sin embargo, este texto se toma a la divulgación como una tarea que emerge de las universidades modernas ya que es mediante estas que el saber llega a personas no especializadas en los temas que se abordan fuera de las aulas. Hay que aclarar que las tareas de divulgación no son exclusivas de las instituciones universitarias ya que existen proyectos independientes que también realizan actividades de este tipo.1 En el caso de las instituciones de educación superior la función de expandir el conocimiento se debe al modelo universitario moderno que surge en Europa en el siglo XIX tal como lo demuestra el proyecto de (Wilhelm Von Humboldt Abellan, 2008) y, en el caso de México en el XX2, con los proyectos de Justo Sierra (Landa, 2005), (José Vasconcelos Molina, 1981) o Graciela Hierro (1989). La universidad moderna designa como tareas fundamentales la docencia, la investigación y la difusión del conocimiento.
Estos tres elementos son indispensables para las casas de estudio porque se consideran como deberes mediante los cuales se legitima la universidad ante la sociedad. Además, la “extensión” o “responsabilidad social universitaria” confirma que el quehacer de la comunidad universitaria (estudiantes, profesores, académicos e investigadores) no es ajeno a los intereses de la sociedad. Es por esta razón que la idea de expandir los saberes a la sociedad tiene como principal motivo el interés de las comunidades universitarias, en este sentido la naturaleza de las universidades valida y promueve la realización de proyectos que divulguen conocimiento para el resto del cuerpo social, por supuesto en esto no queda exenta la filosofía.
De esta manera se establece el “porqué” se divulga o se debería divulgar filosofía, pero ahora hay que observar en primer lugar “qué es” lo que se difunde; “cuál noción o sentido de filosofía” es la que se le acerca a la gente; en segundo lugar, entender el “para qué” de ello. En tercer lugar, hacer la distinción entre la “extensión universitaria” y la “difusión/divulgación cultural” o “científica”. En cuarto lugar, se reflexionará acerca de los propósitos y los quehaceres de la divulgación, es decir: entre lo que se quiere y lo que se hace. Los puntos antes mencionados dan pauta para identificar cuatro problemáticas que se analizan a lo largo del texto.
Cuatro problemáticas de la divulgación
Problema 1: la tipología del contenido
Para identificar qué es lo que se divulga, sería importante identificar las corrientes, autores, ramas, temas, escuelas, épocas, etc., que más han proliferado frente a los diversos auditorios. Para ello se pueden establecer varias modalidades de filosofía, en ocasiones contrapuestas: analítica o continental, europea o latinoamericana, occidental u oriental, especulativa o práctica, académica o bohemia. Con dicha taxonomía se intenta hacer notar que cuando se habla de filosofía, necesariamente se hace desde una tradición, desde un modo de verla, desde un modo peculiar de trabajar con ella. Esto es parte de la esencia de la filosofía misma, pues existen tantas maneras de pensarla que es difícil que los filósofos lleguen a un consenso definitivo.
En ese sentido cuando un estudiante o profesor se dirige al gran público le interesa mostrar una manera específica de entenderla: fenomenológica, estética, marxista, metafísica, política, ética, et al. En otras palabras, no puede haber un sentido neutro o unívoco de la filosofía que se pueda transmitir a los participantes, ya que está matizada por los intereses del exponente. La divulgación filosófica será siempre divulgación de particularidades de ella, es decir no se transmite una visión global de la filosofía sino una forma de entenderla. En el conocido libro publicado por la UNESCO, La Filosofía. Una escuela de la libertad, se menciona lo siguiente:
Buscan [los filósofos] un lugar dónde expresar sus ideas, donde escuchar la de los otros, donde compartir sus opiniones con sus conciudadanos o donde confrontarse a los mismos, donde avanzar sus argumentos o donde desmontar los de los demás.
¿Se acude para convencer, aprender o reflexionar? Después de todo, los filósofos profesionales también defienden a menudo sistemas y los aficionados desean hacer lo mismo. (Brenifier, 2011)
No debería sorprender las discrepancias entre la comunidad filosófica en tanto que en la universidad se conforman grupos de estudio, la formación de cuadros académicos se genera a partir de la convergencia de ideas, de hecho, la simpatía por los autores o las corrientes es muy notorio en la enseñanza cuando un docente presenta a los filósofos que más le agradan o a los que más se ha dedicado. Así pues, hay que considerar que no todas las áreas, temas o autores gozan de los mismos espacios en los planes de estudio. Si esto es lo que acontece durante la formación de los estudiantes de filosofía, algo similar sucederá en el acto divulgativo en el que solo se proporciona una fracción del universo de ideas que componen el pensamiento filosófico que queda constreñido al exponente. Quizá por eso con justa razón señala Gerardo de la Fuente que a veces los filósofos se olvidan de la pluralidad de filosofías en relación a su estado actual:
Las discusiones concernientes a la situación actual de la filosofía en nuestro país, con frecuencia se asientan en el supuesto de que se está tratando de un objeto único o unificado que puede ser fácilmente discernible o identificable, incluso de manera ostensible: filosofía sería lo que se enseña en las escuelas de filosofía, o lo que se recopila en las historias de la misma. (De la Fuente, 2019)
Esto que se ha señalado representa una problemática, no porque la filosofía que se acerca a las personas no especializadas se aborde desde los intereses de los divulgadores, sino que manifiesta un contenido y una manera de trabajo escolarizadas; en otras palabras, solo se estaría dando a conocer aquello que es reconocido por la institución universitaria. Por lo anterior, se puede señalar que el tipo de contenido filosófico que se hace público es el mismo que se estudia en las facultades, lo resulta una condicionante para el auditorio.
Esto se hace patente, por ejemplo, en los videos de YouTube en los que hay una considerable cantidad de videos sobre Platón, Aristóteles, Kant, Heidegger, Nietzsche, et al. Todos ellos estudiados con ahínco a los que se les dedican semestres completos y seminarios permanentes en varias universidades tanto nacionales como extranjeras. Prácticamente todo el programa de estudios del bachillerato se puede encontrar en el famoso sitio de videos. Esto es sintomático de una filosofía escolarizada que ha traspasado las huestes de los salones de clase para posicionarse como un material de fácil acceso para cualquier usuario con internet y en especial, para la comunidad del nivel medio superior, pues no es un recurso consultado únicamente por los estudiantes, también los profesores de este nivel ocupan las explicaciones de youtubers de la filosofía como apoyo didáctico para sus clases. Todo esto genera una correlación entre los temas filosóficos, su target y los protagonistas de esos videos, puesto que según varios de ellos (si no es que todos) son estudiantes o profesores de esta disciplina.
En contraposición a los filósofos de mayor renombre, son pocos los resultados “didácticos” que arroja la búsqueda de otros pensadores no estudiados en el nivel bachillerato ni en el nivel superior, tales como Wilhelm von Humboldt, Herder, Simón Rodríguez, Bakunin, Teildhard de Chardin, Hildegard Von Bingen, entre otros. Para más precisión se hizo el siguiente ejercicio: se limitaron las búsquedas de videos a solo los que se han subido en lo que va del año (abril 2020). En el caso del autor de La genealogía de la moral aparecen más de 50 resultados tan solo en español, mientras que filósofos como Carlos Lenkersdorf, no aparece ninguno por lo que el motor arroja los más recientes, dos que fueron subidos el año pasado. Misma situación acontece entre Hanna Arendt y Graciela Hierro, para la autora de La condición humana en el transcurso del año se han subido más de 50 videos, en contraste, de la filósofa mexicana solo hubo 8 videos relacionados.3
Lo anterior ayuda a esclarecer los contenidos que están a disposición de los internautas. Como se ve, hay una similitud en cuanto contenido entre lo que se enseña en la escuela y lo que se transmite por la plataforma, si bien es verdad que los formatos y recursos del divulgador son diferentes a los del docente frente a grupo, algo debería indicar que existe el mismo patrón de la filosofía escolarizada y la divulgativa en tanto que los filósofos que más seguidores tienen en las facultades son los mismos a los que los comunicadores de la filosofía en YouTube dedican más de un video. Tal vez para muchos esto no represente algún conflicto porque es lógico que si los que divulgan filosofía son estudiantes o profesores sería más que evidente que compartieran sus conocimientos. No obstante, se considera una problemática para la divulgación, porque está delineada conforme a una visión académica y dado que la divulgación no sigue los mismos lineamientos, al enmarcarse únicamente en lo que se revisa en los planes de estudio; ocurre lo mismo que pasa en la universidad: se obnubilan otras filosofías, otros autores, otras geografías de la filosofía que los temarios no permiten abordar.
Por otra parte, si se revisan el número de datos que arroja el buscador Google con el fin de poder extraer resultados que permitan conocer sobre qué se dice acerca de la filosofía, siguiendo lo anterior se entenderían las razones que ofrecen los filósofos para que cualquier persona o más número de personas se acerquen a la filosofía, lo que da la pauta para atender el segundo conflicto.
Problema 2: la mitificación
Es común que cuando se habla de expandir la producción filosófica, se mencionen las virtudes que supuestamente acarrea la filosofía. Más de una vez se ha dicho que ayuda a generar un pensamiento crítico, que ayuda a entender el mundo, que es promotora de la democracia o que hace mejores personas. De esta forma si se escribe, ¿para qué sirve la filosofía? en el buscador, el primer resultado es un artículo del periódico español La Vanguardia:
Javier Echegoyen Olleta, profesor de Filosofía de la UNED, asegura que la filosofía tienemucho que decir sobre la ecología, los derechos humanos, los derechos de losanimales, los riesgos de la ingeniería genética, la interculturalidad, elsistema productivo o nuevas formas de participación ciudadana. Pero sucontribución tampoco acaba ahí. […] “En primer lugar, sirve para entenderfenómenos de la vida social, política y económica para los que las cienciasno tienen una respuesta clara; en segundo lugar, permite tomar distancia dela realidad para someterla a examen, a crítica, y pensar qué puede haceruno, cómo puede ejercer su libertad y responsabilidad; y, por último, lafilosofía nos enseña a hablar de otra manera, de forma racional yargumentada, a escuchar los argumentos del otro y a estar dispuestos amodificar el propio punto de vista si fuera necesario”. (La Vanguardia,2015)
En dicho artículo se puede notar un discurso común acerca del papel de la filosofía como un saber epistemológicamente más elevado que el resto, debido a lo cual parece que cualquiera que sepa filosofía podría resolver X problemática que se le presente. Cuando Echegoyen dice que la filosofía ayuda a esclarecer fenómenos sociales, políticos o económicos a los que no se tiene una respuesta clara, habría que interrogar entonces por qué han pasado más de dos mil años sin llegar a respuestas definitorias sobre sendas disputas en filosofía, o bien, por qué no lucen los filósofos como asesores para esos conflictos. No hay que perder de vista que es un artículo de acceso público que es leído por mucha gente a la que esta narrativa pueda convencerle, sobre todo aquella que busca la respuesta del fin de la filosofía.4
Por otra parte, el Dr. Gabriel Vargas Lozano, gran impulsor y defensor de la filosofía en nuestro país, afirma:
La filosofía también permite que el individuo reflexione sobre el sentido de la existencia. Como se sabe, por lo general, la filosofía es representante del diálogo y la razón. Una sociedad en donde no predomine el diálogo entre los ciudadanos para llegar a consensos y disensos, no es una sociedad democrática. Promover la filosofía es promover la participación dialógica de los ciudadanos. (Vargas Lozano, 2016)
No obstante, se presentan dos cuestiones. La primera, es que si se revisan los argumentos en favor de la expansión de otras áreas del conocimiento al gran público, quienes han estudiado ciencias u otro tipo de humanidades también aseguran que el adentrarse en estas colabora a formar sujetos críticos, más abiertos a una lectura de la realidad, que ayudan a la vida de las personas, tal como se puede notar en un artículo de Javier Flores:
Una sociedad informada sobre las formas de proceder y los resultados de la investigación científica, está mejor capacitada para participar activamente en la toma de decisiones sobre los temas que afectan su vida y su país, a partir de opiniones sustentadas en criterios objetivos y racionales, despojadas de prejuicios y dogmas. Estas son algunas de las razones por las cuales, incluir a la difusión del conocimiento dentro de las prioridades en las políticas públicas de ciencia y tecnología, tiene hoy especial importancia para México, (Flores, 2013)
Las cualidades que postulan los filósofos parecen no ser exclusivas de su campo, por lo que se tendría que preguntar: ¿cuáles son las características que distinguen la filosofía del resto de las ciencias? No en cuanto a sus métodos u objetos de estudio, sino qué ofrecería a quien la estudie que no lo oferte ninguna otra ciencia o disciplina. Por otra parte, en diversas instituciones se puede notar que existen personas que han estudiado filosofía y no parece interesarles la realidad social sea por las razones que fuesen o parece no haber influido para que mejoren como persona. Hay que considerar que muchas personas que tenían una formación filosófica han cometido actos y modos de pensar moralmente reprobables, o por lo menos polémicos (por ejemplo, Séneca, Rousseau, Althusser, Heidegger, Kant, Jean Paul Sartre y Simone de Bouveaour, Vasconcelos, Emilio Uranga, Spinoza, entre muchos otros). Ser filósofo o estudiar filosofía no convierte a los sujetos de forma automática en ciudadanos ejemplares con una moral intacta, de hecho, la historia personal de varios filósofos indicaría que tuvieron que enfrentarse a la moral de su época, tuvieron problemas y quizá algunas de sus opiniones el día de hoy serían políticamente incorrectas.
La segunda cuestión por analizar es que se le otorga una tarea político-social a la filosofíaa costa de relegar otras áreas como la epistemología, la metafísica, laontología, la estética o la analítica. Es verdad que en cierta medida nocorresponde a dichas áreas el estudio de lo que acontece en el mundo en términosde problemáticas sociales, pero es innegable que son parte del estudiofilosófico. No se tendría porque pasar por alto que incluso hay conocimiento nodedicado al análisis de los conflictos actuales. Además, no toda filosofíapolítica opta por la democracia como un sistema deseable de implementación.Insertar inevitablemente el saber filosófico como un deber comunitario es elresultado de partir de una defensa de la filosofía desde el posicionamiento devíctima ante un victimario, de tal manera que todo acto que intentereivindicarla toma un aire de resistencia política porque acepta el papel dedesventaja ante la circunstancia que amenaza con “desaparecerla”. Desde estaperspectiva, se podría aseverar que el conocer cualquier pensamiento filosóficocontribuiría a crecer intelectualmente, a tener mayor consciencia política o a“conocerse a sí mismo”. Sin embargo, eso no sucede, pues ¿qué contenido socialtendría por sí mismo el Tratado de la luz de Descartes, laRespuesta a sor Filotea de Sor Juana, El conceptode angustia de Kierkegaard o el Poema del ser deParménides?
El interés de la divulgación filosófica hasta el momento en que se ha venido desarrollando apela a que las personas tengan contacto con cierto tipo de autores que en apariencia permitirían desarrollar una participación ciudadana o algún beneficio individual proclamado en vez de que se les explique el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein o la Suma Teológica de Tomás de Aquino. Al parecer, se concibe que la filosofía que se acerca a la gente ajena a este campo de conocimiento, tiene que darle plenitud personal, debe aportar consciencia social, y por supuesto, está obligada a contribuir de forma clara a los conflictos actuales. Empero, si se concede esta visión romántica, aquella otra filosofía “inútil” o cuando menos no-social, no-política y no-impulsora de “lo humano” queda restringida al gran público por no ofrecer tema de interés social o de crecimiento personal.
Como se ha dicho en el problema 1, precisamente la noción que se tenga de filosofía responde a la vez, a los cuestionamientos de “por qué” y “para qué” difundirla, según lo expuesto en este punto se ha respondido a estas últimas cuestiones. Para enfatizar aún más, José Alfredo Torres menciona que una respuesta ante la interrogante de la finalidad de esta área de estudio sería la de Leopoldo Zea, pues atribuye un sentido social al papel de la filosofía “lo que implicaría considerar a la difusión de la cultura filosófica consustancial a los intereses de una educación crítica y solidaria. Dentro y fuera del campus universitario” (Zea, citado por Torres, 2016).
Siguiendo el razonamiento anterior, si la filosofía ha de estar involucrada con los procesos de transformación de la sociedad sin descuidar lo académico o incluso desprendiéndose de este, la forma más conveniente no es mediante la “difusión” o la “divulgación”, sino mediante la “extensión”. La primera, la difusión, sólo tiene intenciones de transmisión hacia los pares, sean parte de la comunidad universitaria o no, público versado o no. Hay que añadir que la propagación del conocimiento filosófico desde esta línea es una labor con vasta presencia si se refieren todas las publicaciones electrónicas, impresas, coloquios, conferencias o material audiovisual que tenga el objetivo de hacer público un estudio, un diálogo, un trabajo o una investigación.5 La segunda, la divulgación, pretende comunicar a un público lego un contenido gestado en las universidades.6 En tanto, la tercera, la extensión, contempla un proyecto con características específicas que aporten al tejido social.7 No obstante, suelen confundirse esas tres tareas, entonces, cuando se mitifican los fines de la filosofía y se intentan conseguirlos mediante actividades de divulgación pocos pueden ser los resultados. Dicha mixtura se explicará a continuación.
Problema 3: confusión de tareas
La confusión que persiste es porque se mezclan sin más algunas tareas sustanciales de launiversidad, a saber la difusión, la divulgación y la extensión universitaria.La difusión del conocimiento puede ir dirigida sólo a la comunidad escolar sincontemplar al público en general, aunque en otras ocasiones también lo incluya.Si esto sucede, entonces se habla de divulgación. La extensión universitaria,por su parte, contempla acciones concretas en favor de la sociedad. Con dichocriterio, se puede mencionar que la divulgación es la expansión de la ciencia,el arte, las humanidades, los avances tecnológicos, etc.; informa a la propiacomunidad universitaria y al resto de la ciudadanía aquello que se gesta adentrode sus instalaciones y lo que ocurre a nivel nacional e internacional; supropósito es presentar conocimiento. En tanto, la extensión son todos aquellosprogramas que pretenden beneficiar a la población o a un sector en específico,se realizan por la comunidad universitaria. El servicio social, los proyectosacadémicos y los programas que se llevan a cabo de manera autogestiva por partede los distintos grupos que conforman a las casas de estudio corresponden a estemarco de referencia (Hierro, 1989).
De esta manera, se aprecia que persiste la idea que al divulgar filosofía con la pretensión de obtener resultados propios de la extensión. Hay que tomar en cuenta que la divulgación es un intermediario entre el saber académico y el público lego. Es verdad que algunos proyectos de divulgación del conocimiento en términos generales pueden tener consonancias de atención al acontecer de la humanidad, pero a final de cuentas son actividades cuyo interés principal es forjar un vaso comunicante entre dos sectores, es decir, lo que la esfera universitaria concibe como necesario de ser conocido por la esfera pública.
De este modo si la divulgación intenta cumplir con la función social de la universidad o aportar un conocimiento que se considera indispensable al resto de la población, habría que repensar qué propósito tiene el qué; por ejemplo, el pensamiento de Kant o Vasconcelos tenga mayor presencia en la sociedad, tal como lo tiene la obra de Nietzsche o de Gabriel García Márquez. Las instituciones de educación superior se ubican como una entidad que además de enseñar procuran que sus miembros tengan participación con el acontecer cotidiano, por ello es importante problematizar acerca del sentido con que se construyen dichos proyectos, pues ¿cómo estos podrían contribuir a la formación de una mejor sociedad y alcanzar los fines de la filosofía y de la universidad?
Problema 4: Lo ideal vs. lo real
En este punto se abordan las opciones con las que la sociedad puede tener acceso parainvolucrarse con las diferentes ramas filosóficas y sus temas. Hay que advertirque existe una escisión entre los fines perseguidos por la filosofía gestada enlos centros de estudio y la filosofía que se divulga. Es decir, como se ha dichoen la primera problemática, la dinámica de trabajo para el estudiante defilosofía es a partir de un proceso pedagógico en el que se enseña cómo leer lasobras, cómo realizar un escrito, o bien, cómo presentar un trabajo académico,dado que es indispensable que no solo se conozcan los textos; es menester poderplantear preguntas, sustentar críticas, aducir argumentos y desarrollar unaindagación de manera correcta, todo con la intención de ser un profesional, aménde consagrarse como un verdadero filósofo.
Esta metodología que se ejecuta en las universidades no es tomada en cuenta para la divulgación filosófica; así pues, dentro de la institución escolar se trata de que el alumno aprenda un proceso para llegar a un fin; mientras que, cuando la filosofía se presenta al exterior, se exponen sus ideas, sus problemas, sus fines, pero sin recurrir a ningún procedimiento educativo con los auditores. Esto contrasta con el estudio de la filosofía a partir del medievo que indica que la lectura de textos, en ocasiones no sencillos de entender, es imprescindible para comprenderla. La lectura pausada, cuidadosa, atenta y por demás prolongada, no puede escapar al interesado en este ámbito. Incluso aquellos pensadores que en su momento filosofaron ajenos a las instituciones educativas o contra ellas, son el claro ejemplo de que el acercamiento a los textos no es un método exclusivo de una filosofía escolarizada.
Tomando lo anterior en cuenta, si la divulgación de la filosofía aspira a contribuir a la formación de una mejor sociedad o por lo menos que sirva de base para una mejor vida de las personas en tanto seres individuales, debemos ponderar qué modelo de enseñanza no formal o de propagación sería el adecuado. En este caso, partiendo del hecho de que en las facultades leer es imprescindible, la divulgación debe tener presente la referencia de algunos estudios sobre los niveles de lectura en México que indican que el ciudadano promedio no lee o lee muy poco, y normalmente no son textos filosóficos a los que dedica su tiempo (La Jornada, 2019). Con esa condición, ¿es viable que se le invite al mexicano común acercarse a un área que implica y exige una lectura de no fácil interpretación, sin que se le mencione? Para decirlo de otra forma: el problema no sería la exhortación que se hace al público, sino soslayar uno de los medios para llegar a las virtudes que tanto promulgan los filósofos sobre su área de estudio, pues es evidente que todos aquellos que la promueven adquirieron su saber dentro del espacio áulico en el que la cultura textual es preponderante. Cabe señalar que no se concibe la función de la lectura como valiosa per se, ni hay la creencia de que la sola lectura filosófica o en general sea una propuesta que implique el mejoramiento de las sociedades. En todo caso, se le ve como un medio de acercamiento al conocimiento filosófico, una parte imprescindible de él, como también lo son el diálogo, la reflexión, la acción, la investigación y la escritura.
Si se hace una comparación entre el ambiente escolar y los contextos de la divulgación de la filosofía, es claro que en el primero permea una pedagogía o un método de estudio, sea cual fuera, pero en la divulgación ¿cuál sería el método de transmisión de la filosofía? En el caso de la divulgación por internet, particularmente en YouTube se recupera una pregunta que se plantea el comunicador de la filosofía del canal Estamos filosofando, quien inquiere: “¿se puede aprender filosofía por YouTube e internet?”, su respuesta ayuda esclarecer el tratamiento de la cuestión. La contestación es ambivalente: por un lado, dice, permite a los internautas a tener un contacto directo, simple y condensado con sus intereses, en este caso filosofía, así, el usuario puede acceder a contenidos filosóficos que le ayuden a comprender el pensamiento de los filósofos; por otro lado, es una limitante si solo se queda en el plano de lo virtual pues afirma:
en filosofía nada sustituye el valor de la lectura directa de los textos, así pues, es posible aprender filosofía por YouTube e internet, siempre y cuando se acuda a los textos directos de los autores y se haga un estudio personal de los mismos. Aprender filosofía por YouTube implica tener un espíritu autodidacta, quien desee aprender filosofía tiene aquí recursos de primera mano pero que deberá completar su educación filosófica por sí mismo. (Estamos filosofando, 2019)
Por otra parte, en la Ciudad de México algunas de las actividades divulgativas de orden presencial se desarrollan en diferentes espacios. En el caso de los talleres de filosofía de la Biblioteca Vasconcelos,8 se llevan a cabo desde diferentes modalidades, sea como momentos de reflexión o en ocasiones como un curso breve para los asistentes. También existen programas como Filosofía a las calles del Ateneo Nacional de la Juventud, A.C., que funcionan como conferencias breves dirigidas al público en general en las que el invitado explica un tema filosófico.
Por otro lado, se encuentran los cafés filosóficos celebrados en librerías, cafeterías u otros espacios en los que regularmente la discusión surge a partir de una pregunta detonadora o bien, un tema de actualidad. En el segundo problema se señaló la mitificación de la filosofía en la que se aseveraba que el acercamiento a ella genera cambios en los individuos y resultaba sumamente beneficiosa para la ciudadanía, con base en lo señalado, la incertidumbre sobre si en verdad se cumple con el discurso que postula a la filosofía como una vía indispensable para el mejoramiento humano.
Hasta este punto se han explicado cuatro problemáticas que llevan a lo siguiente: hay una disonancia entre el proyecto universitario, la divulgación de la filosofía y la propia idea de filosofía. La contradicción de divulgar una filosofía que tenga aspiraciones de índole social no es compatible con aquellos que se gestaron en la estructura universitaria, pues en todo caso, la filosofía que se transmitiría al público no especializado es una filosofía académica (en el fondo, aunque no en la forma). Así pues, la lógica sería que el estudiante o el filósofo profesional espera que la filosofía irrumpa en las demás personas de la misma manera que lo hizo con ellos, pero sin considerar las condiciones de posibilidad de la población.
De las problemáticas planteadas surgen estas preguntas: ¿cómo lograr que la gente se interese por la filosofía mediante la lectura? ¿por qué la expansión de la filosofía no incluye la defensa, promoción e invitación de la lectura en general y la filosófica en particular? ¿es necesario divulgar filosofía solo por internet? Las interrogantes tienen validez si se toma en cuenta que muchas veces se invita a las personas a “reflexionar” X o Y fenómeno, que acuda a X sitio a “escuchar” al experto en materia o que debería “interesarse” o “valorar” a un filósofo, pero casi siempre se omite la lectura de textos filosóficos como medio de acceso. Esto nos lleva a lanzar el cuestionamiento: ¿se puede saber, trabajar o generar filosofía sin leer? O más aún, ¿cómo se aprende filosofía o a filosofar?9
Retomando a De La Fuente (2019), se coincide con que los apologistas de la filosofía han intentado defenderla siempre desde un enfoque escolar, por esta razón se decía al inicio del texto que esta particularidad condicionaba a la divulgación, pues la comunidad filosófica está tan acostumbrada a trabajar en el ambiente educativo que difícilmente imagina la filosofía en otros escenarios y en los que no tenga que explicar el sistema de un pensador. Si todo lo anterior es verdad, entonces ¿qué se pretende cuando se invita a las personas a la filosofía? ¿a estudiarla? ¿a pensar? ¿a pasar un buen rato? ¿a cambiar su vida? o ¿sencillamente a conocerla? La confrontación entre los discursos acerca de la necesidad, los beneficios de la filosofía y la práctica de cómo acercarse a la misma, resultan indispensables si se concede que la filosofía puede volver a las personas más conscientes de su mundo. De ser así, muchos son los espacios y las formas para que se haga una labor de responsabilidad social universitaria adecuada para que la filosofía no sea sólo un instrumento de tinte político que aspire a la participación ciudadana, sino que también sea un conocimiento que puede propiciar cambios reales en las personas y en la sociedad de la mano de otros saberes.
Reflexiones finales
En síntesis, conforme al desarrollo del trabajo se puede notar las siguientes situaciones: enprimer lugar, de acuerdo al material consultado en YouTube, se nota que una cantidadconsiderable de contenido va de la mano con los contenidos de los programas deestudio de bachillerato, en ese sentido se comentó que dichos formatos depresentación presentan el mismo desfase de filosofías, autores, geografías, etc.,que ocurre en las facultades, restringiendo así otras perspectivas filosóficas notradicionales. En ese sentido se consideró que la divulgación la vía de los videosrespondía a la misma lógica escolar solo que su metodología y recursos didácticoseran diferentes, pero se ceñía prácticamente a los planes de estudio. Como segundopunto se muestra que hace falta repensar cuál es el aporte de la filosofía sinromantizar su tratamiento encausándola como proveedora de sujetos política ymoralmente aceptables, y sin restringir el papel de la filosofía únicamente desdeuna perspectiva social, pues como se dijo, existen otras filosofías que no tratancuestiones sociales y eso no demerita su condición para ser divulgado al granpúblico.
Por otra parte, en el tercer problema se aclaró la ambigüedad entre los conceptos entre difusión, divulgación y extensión universitaria, pues se ha comentado que gran parte de las aspiraciones de divulgar filosofía correspondía a la extensión, de esto se deprendía el último problema identificado, en el cuál se indica que si el pensamiento filosófico promete tantos beneficios ¿por qué no desarrollar programas para sectores que no tienen las condiciones materiales para acceder a internet? ¿por qué no intentar acercarla a diferentes públicos y diferentes contextos como centros de rehabilitación, hospitales, orfanatos, atención a personas con padecimientos, centros de ayuda para tratar las drogas, talleres no sólo para niños sino para amas de casa, oficinistas, vecindarios? Si bien es cierto que ya existen algunas iniciativas, parece necesario replicarlas y consolidarlas en diferentes puntos del país.
A partir del tratamiento de este tema, se ha llegado a la conclusión que, ante todo, ladivulgación filosófica es una tarea educativa, aunque no sea catalogada de estemodo. Lo es porque los que la divulgan pertenecen a la esfera educacional, misma quecontiene modos de enseñanza-aprendizaje, pero que se ignoran durante la exposiciónde los temas filosóficos a públicos heterogéneos. Es menester que la filosofía salgaa las calles y no quede como un contenido más de la red al que paradójicamente,solamente unos cuantos tienen acceso y de entre ellos, una minoría es la quebuscaría consultar material de ese tipo y tal vez haría falta evaluar si solo es pormotivaciones escolares o por interés personal. Es deber de los proyectos filosóficosexpliciten clara y reiteradamente desde qué noción filosófica parten, cual piensanque son sus finalidades, añadiendo que existen otras vertientes distintas a laexpuesta. Así como hay quienes postulan el saber filosófico como una forma de vida,hay quienes lo ven como herramienta política, como un conocimiento elevado, o laposibilidad de inquirir en el fundamento último de las cosas.
Finalmente, hay mucha labor detrás de cada propuesta de divulgación, por ello es importante que se traspasen las huestes de la tecnología, de la síntesis superficial para el gran público y de la mitificación, para que se comience a avanzar en la concreción de lo que por tanto tiempo se ha dicho: que la filosofía, que las humanidades y que los conocimientos en general propician mejores individuos y, por ende, una mejor comunidad.
Resumen
Main Text
Introducción
La divulgación y la universidad
Cuatro problemáticas de la divulgación
Problema 1: la tipología del contenido
Problema 2: la mitificación
Problema 3: confusión de tareas
Problema 4: Lo ideal vs. lo real
Reflexiones finales